lunes, 27 de julio de 2015

LIBRO AMIGO 2015: Un nuevo sueño que se está cumpliendo

El pasado viernes 24 de julio fue recibido por el profesor Celso Darío Benítez el primer lote de libros que la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP) ha recolectado, en la campaña denominada LIBRO AMIGO 2015, a favor de la biblioteca de la Escuela Básica Nº 592 San Juan Bosco de Romero Potrero, ubicada a casi 8 kilómetros de la ciudad de Concepción.
Este primer lote de libros, que suma 370 unidades, obtenido gracias a las donaciones  de escritores, editores y publico en general que asistió a la 1ª Feria Internacional de Asunción organizada por la Cámara del libro Asunción- Paraguay (CLAP), es parte de uno mayor formado por unos 230 libros adicionales y que será entregado a la mencionada biblioteca escolar en su totalidad el  próximo 8 de agosto por Feliciano Acosta y Alejandro Hernández y von Eckstein presidente y vicepresidente de la SEP.
Esta es la segunda vez que esta sociedad de escritores dota de libros a una biblioteca del interior del país. Como se recordará, el 20 de julio de 2014 la biblioteca comunitaria BIBLIOSUEÑOS de la localidad de San Cosme y Damian fue oficialmente inaugurada por el mencionado municipio luego de la donación, por parte de la SEP, de 322 libros.
Aquella persona que quiera sumarse a esta campaña puede hacerlo llevando sus libros a SERVILIBRO (México y 25 de mayo- plaza uruguaya) hasta el próximo viernes 31.





Gladys Carmagnola, su legado poético y humano sobrevivirán

Milia Gayoso
Escritora- Periodista
Solía regalar los plantines de niño azoté que crecían bajo el suyo, en el jardín. Gladys Carmagnola llamaba una tarde cualquiera para anunciar que lo tenía preparado con tierra alrededor de sus raíces, en una bolsita, presto para crecer en otro patio, y echar flores rojas generosas. Tan generosas como ella.
“Desde un lejano 13 de abril de 1965, memorable para mí porque en bellas letras de imprenta tuve ante mis ojos el primer ejemplar de mi primer poemario impreso y noté la sonrisa de mi padre, tengo presente la tácita autorización para seguir en la tarea, y eso hago, como si hiciera falta”, decía en el prólogo de su libro “Como si hiciera falta” (Servilibro 2013), conformado por títulos que ella “sospechaba” no poder completar. Llenó el texto con las pequeñas maravillas de su devenir cotidiano como los “Poemas de entrecasa” o “Entre hormigas, jazmines y madera”, rebozante cada estrofa de su ternura y magia para escribir.
“Poetisa por la gracia de Dios. Él le ha dado para la poesía muchas de sus divinas gracias, entre ellas la sencillez en la profundidad”, dijo de ella su admirada amiga Josefina Plá. “Al fin, embajadora del viento, de la lluvia… ! He aquí una poetisa que tiene oficio y lo utiliza, que sabe escribir versos, que tiene algo propio que decir y lo dice con propia”, dijo sobre su obra Hugo Rodríguez Alcalá.
Yo recuerdo al maravilloso ser humano, capaz de hacer una última llamada para preguntar ¿Sabés que te quiero mucho, verdad?

Un manantial en la poesía paraguaya
Por Renée Ferrer. Presidente Academia de la Lengua Española (Paraguay)
Decir “Piolín” es remitirse al deleite; al deleite de seguir el camino propuesto por Gladys Carmagnola para internarnos en un mundo mágico y real a la vez; mágico por estar poblado de duendes, de gnomos y de hadas, y real porque para los niños la existencia de esas maravillas es real y palpable. He ahí el valor mayúsculo de este poemario: la autora se olvida de sí misma, abandonando el narcisismo propio de todo orfebre de la palabra para internarse con cándida complicidad, tomada de la mano de cualquier niño, o de todos los niños del mundo, en ese territorio de la fantasía donde las cosas más inverosímiles son posibles.
Además del dominio del lenguaje, la rima, el verso, la acentuación, la métrica, rota de pronto con sabia intención, como haciéndole un guiño a los doctos especialistas del discurso poético, Gladys maneja a la perfección el arte del encantamiento, del ingrediente lúdico que todo poema infantil debe tener; hace de la enseñanza natural emanada del poema una conversación amena, cariñosa, a veces pícara, brindada por un hada muy sabia, que ayuda a los pequeños, y a los grandes también, a participar de la naturaleza, de los buenos sentimientos, de la felicidad de valorar un poema creyendo que solo se está jugando.
No existe en la poesía de Gladys Carmagnola, dirigida a la infancia, ese recurso fácil del diminutivo omnipresente, o la falta de respecto al infante, como si éste no pudiera entender una imagen dejando volar la imaginación. Por el contrario, se nota en ella un meticuloso cuidado de aproximación a la infancia, sabiendo que los niños son capaces de disfrutar y comprender cuando se les propone una aventura de la cual ellos son una parte fundamental. En el mundo maravilloso de la infancia, las hadas existen, son compinches de mil travesuras, depositarias de secretos misteriosos, son las descubridoras ideales del mundo real ante la inocente ignorancia embelezada.
Como dijo José Luis Appleyard con motivo de la primera edición de este libro, a mí también “me encantaría ser de nuevo niño, para internarme, texto de Gladys en mano, por esos senderos que siempre conducen a descubrir una dimensión que es solo dable conocer en la infancia”.
Con estas palabras del amigo, y nunca olvidado, José Luis, reitero lo dicho varias veces en distintas latitudes: Para mí, la poesía de Gladys Carmagnola es como un manantial en la poesía paraguaya. Ahora que Gladys ha partido hacia la eternidad no puedo más que reiterar el respeto y la admiración por su obra, tanto para la gente menuda como para la adulta, y manifestarle ese mismo cariño que hemos compartido en vida, como poetas y amigas incondicionales.

La rosa que se dio hasta el último pétalo
Por Susy Delgado. Periodista y escritora
Tal vez porque presentía que su trajinar en la tierra ya no sería muy largo, hace algunos años, Gladys Carmagnola inició una especie de recuento de lo que había vivido, a su modo, inexcusablemente poético. Y lo hizo confirmando no solo la altura de su voz ya muy reconocida por ese entonces, sino también su calidad humana, de mujer transparente y agradecida, sin la menor reclamación a la vida.
Así hilvanó por ejemplo ese admirable conjunto titulado “Poemas de la celebración”, un admirable inventario que recorría desde los objetos y lugares cotidianos hasta esos territorios más íntimos, donde se elaboran el pensamiento y el sentimiento. “Gracias a lo vivido y lo soñado”, resumió en alguno de esos poemas que quedarán como el gesto claro de una sensibilidad que celebró la vida.
Hay que recordar también, ahora que la poeta traspasó ese umbral misterioso de la muerte, que además de este gesto de celebración, ella dio a menudo señales de inquietud sobre lo que sería caminar ese territorio desconocido y lo que pasaría con los sueños que ella amasó con todo el amor que le cabía en el pecho. Como cuando se preguntaba en aquellos versos de “Un sorbo de agua fresca”: “¿Quiénes recogerán lo que mis manos/ no han podido abarcar, de tan pequeñas?”.
Y alguna vez demostró su predisposición a llevarse esos sueños más allá de la muerte, cuando decía: “En una tarde así/ quisiera bajar a un callado sepulcro/ y acurrucada allí/ –por fin–/ soñar a gusto”.
Soñadora impenitente, dejó su Testamento en un poema que metaforizaba una hermosa rosa de hierro creada por Hugo Pistilli, cuando dijo: “Mi rosa pequeñita/ mi solitaria rosa gris, de hierro,/ debe permanecer en este hogar./ Y darse aquí hasta el último pétalo”.
Así fue, su rosa de hierro se entregó hasta el último pétalo, en una dación sin límites, pero dejó una siembra que reverdece en cada poema, reviviendo una celebración de la vida que ella hizo en cada palabra.

Su obra era sencilla clara y precisa
Feliciano Acosta Alcaraz. Presidente Sociedad de Escritores del Paraguay
En la década del 60 conocí a Gladys Carmagnola en la Universidad Católica. No sabía que ella escribía hasta que encontré en una librería su “Lazo esencial”, un pequeño libro que me impactó. Fue tanta la impresión que dije que el día en que publicara mis primeros versos, lo haría en ese tamaño y forma. Y así lo hice cuando publique años después mi primer libro “Ñe’ê ryrýi”.
La obra de Gladys era sencilla, clara y precisa, escribiendo tanto para público adulto como para el infantil en donde entrelazaba sus versos con juegos y carruseles.
Celebraba la lluvia, el sol, la luna, la amistad, la primavera… “¿Por qué no celebrar el aire que me resta, por qué no celebrar algún poema?”. Ella celebraba todo… celebraba la vida.
También gustaba reunirse con sus amigos y colegas escritores en largas tertulias, leyendo poemas o simplemente conversando. Es en estos encuentros donde su generosidad salía a relucir no dudando en regalar alguno de sus libros. Como muestra de ello atesoro en un lugar preferencial de mi biblioteca un ejemplar de “Poema de la celebración”.
Muchas fueron las horas compartidas que volaban como golondrinas al viento, en especial cuando coincidíamos siendo jurado de algún premio literario donde ella se desempeñaba con mucha solvencia profesional contagiando su alegría y su afable sonrisa.
Es que Gladys era así, contagiando siempre a su paso su optimismo musical y su alegría poética hasta que una tarde, un 9 de julio, subió a su barca para emprender la travesía rumbo a “Puerto Esperanza” para inundarlo de música y poesía.
 Fuente: La Nación 24/7/15

sábado, 18 de julio de 2015

Homenaje a Gladys Carmagnola



Reservada y testimonial a un tiempo, la palabra de GLADYS CARMAGNOLA (Guarambaré, 1939- Asunción, 2015) afina su lumbre cierta en las apetencias, términos y quebrantos de su misma condición: en efecto, acento femenino en su más rica y delicada acepción, esta voz despunta con abierta conciencia del cauce y los símbolos, configurando una órbita expresiva que ningún aprecio acabado de la actual poesía paraguaya podría apartar.


MUJER
                           a Cecilia

¿Mis manos son débiles?
No ha de doblegarlas el mero contacto del viento
que azota la estirpe de mujer
que llevo.

Sentirse, saberse mujer, es hermoso.
Es perfecto.
Y es hermoso
saber que se lleva en el pecho
algo que lastima.,
algo como un peso
que es suma y
del Verbo
que he de compartir -aunque a veces duela-
contigo, o con ellos.

Lo sé. Soy humana.
Y aunque no me acucia en la vida otro anhelo
que el de ser mujer
-alma, forma, sueños;
mujer
nada más, ni menos-
a mí me han legado
este peso
dulcísimo, amado, infinito,
que no lleva huesos,
que no tiene rostro de hembra o varón
ni se vanagloria de uno u otro sexo.

(Señor: tu poesía
me desborda toda, no cabe ya dentro).

A veces
me doblo y renuevo
y al hallar al paso una carga nueva extirpo la antigua, aunque duela

y en algún lugar la olvido ex profeso       
envuelta en ropaje real
o en harapos métricos.

No me han dado alforjas donde conservar
todo lo que encuentro.
Por eso,
sí, quizá por eso
habrás de encontrarlo
en cualquier rincón transformado en verso.


                                                       Glasdys Carmagnola

sábado, 11 de julio de 2015

El último adiós a Gladys Carmagnola



Los restos de la reconocida poetisa paraguaya  Gladys Carmagnola ya descansan para la eternidad, desde ayer, en el cementerio del Este, donde fue sepultada. Familiares, colegas y allegados la despidieron y recordaron con cariño y admiración, en el Portal La Piedad, donde fue velada desde el jueves último, día en que falleció.

En el Portal La Piedad fueron velados los restos mortales de Gladys Carmagnola, desde el jueves pasado, día en que se produjo su deceso. En la tarde de ayer fue trasladada al cementerio del Este, donde ya descansa.
Carmagnola fue una destacada escritora, sobre todo en el ámbito de la literatura infantil, y ha dejado un gran legado de obras.
Figuras como Renée Ferrer, Augusto Toranzos, Feliciano Acosta, Élida Favole, entre otras, la recordaron con poemas escritos por ella.
“Ella siempre quiso que se la despida leyendo poemas justamente, y fue lo que ocurrió, que sus amigos vinieron con sus libros y todo. Le trajeron flores”, mencionó Cecilia Medina, hija de la poetisa, quien junto a su padre, Julio Medina, recordaron con gratitud a la gente que se acercó a dar el adiós a Carmagnola.
Cecilia destacó el mensaje de Toranzos, quien había expresado que la escritora “los acompañó y guió en todo, jamás con una crítica ni con una palabra fuera de lugar”, según recordó.
Además, mencionó que su madre había fundado una biblioteca en un colegio de Guarambaré, su ciudad natal, y llegaron para el sepelio la directora del colegio y el intendente de dicha ciudad, y destacaron que Carmagnola iba siempre hasta allí a compartir con los jóvenes e incluso les donó muchos materiales de lectura.
El trayecto desde donde velaron sus restos hasta el cementerio del Este, donde ya reposa para siempre, se dio en el marco de un emotivo ambiente, pues el cortejo fúnebre se entrecruzó en varios tramos del camino con las personas que aguardaban el paso del papa Francisco. No menor fue el paso de los restos mortales de Gladys Carmagnola, pues mucha gente, con mucho respeto, se persignaba.
Al llegar a su última morada, en un acto más íntimo entre familiares, estos le dieron el último adiós entre palabras de recordación y plegarias por el eterno descanso de su alma.
Fuente: ABC COLOR 11 DE JULIO DE 2015 

lunes, 8 de junio de 2015

SEP Digital Año 2 Nº8 (EDITORIAL)

El hecho de escribir, aunque no lo creamos así, trae aparejado una gran responsabilidad que es la de utilizar las palabra justas, cuando corresponde y en el lugar adecuado. Para ello es necesario saber el valor de cada palabra y el efecto que estas pueden causar en el lector, ateniéndonos a las consecuencias que puedan traer consigo al unirse éstas incorrectamente.
Hay un viejo dicho que dice “si lo que tienes que decir (o escribir) no es mejor que el silencio, mejor no lo digas (o escribas)” y aunque, como también dicen, "a las palabras se las lleva el viento"… a los escritos, no.
Años atrás, con motivo de la inauguración de la Feria Internacional de Guadalajara (México), la entonces Ministra de Cultura de España, Ángeles González-Sinde, dijo:
"Los autores literarios son ahora más poderosos que los políticos, pues mientras éstos tienen el poder de los Ejércitos, los autores tienen el poder sobre las almas".
Si estas palabras son ciertas, lo que creo firmemente, y la pluma tiene tanta influencia, aquellos que estamos detrás del teclado deberíamos tener mucho cuidado en cómo aplicamos ese “poder”, ya que las simples líneas de esta revista digital, un blog, un artículo periodístico o un cuento, pueden influir en alguien que tenga en sus manos las herramientas físicas y económicas para producir un verdadero cambio, sea este positivo o negativo.

Con los medios modernos de comunicación, como Internet, esto se hace más patente, ya que lo que fue escrito en un computador de Paraguay es posible que se lea en algunos minutos en España o en China. Por ello, de nosotros los escritores, depende usar la combinación adecuada de palabras para que estas se conviertan en una herramienta de transformación positiva y no en un arma más de destrucción masiva
Alejandro Hernández y von Eckstein
Vicepresidente SEP

sábado, 6 de junio de 2015

En días más SEP Digital de junio

Para muchos de los socios de la Sociedad de Escritores del Paraguay, Delfina Acosta es mucho más que una poeta, narradora o periodista.Con su alma de alquimista, sensible poeta y minuciosa narradora, desde sus trincheras de periodista, Delfina nunca hizo diferencia entre el escritor novel que daba sus primeros pasos en el mundo de la literatura nacional y el consagrado escritor de renombre internacional; desgranando minuciosamente cada obra reseñada con sapiencia y buen tino de tal forma de despertar seguro interés en los lectores que esperaban ávidos sus críticas literarias en el suplemento cultural del diario donde trabajó. 
Es por esto y mucho más que hemos decidido homenajearla y reflejar parte de nuestro cariño en la portada de este número de SEP Digital, el cual como ya es costumbre, brindará al lector una variada selección de poesías, cuentos y relatos de variados y reconocidos autores nacionales, el imperdible artículo “Paraguay: un país con diversidad cultural que requiere políticas culturales inclusivas” de Tadeo Zarratea y la esperada y tradicional crítica literaria de José Vicente Peiró.